Mateo Ricci


Mateo Ricci en su centenario (1552-1610)

Primeros misioneros:
El primer misionero en China fue Francisco Xabier que murió en 1552 en la isla de Sanchón a seis millas del Imperio chino. Los jesuitas siguieron sus huellas y en 1556 el P. Melchor Núñez desembarcó en Cantón. Más
tarde le síguieron los padres Ruggieri, Sánchez y Cabral que consiguieron la conversión de algun notable letrado.
Mateo Ricci hasta su llegada a la corte del emperador La vida de Matteo Ricci se sale de lo común. Por ello, se han escrito novelas inspiradas en su aventura increíble en el siglo XVI y se presenta como un paradigma del intento de la Compañía de Jesús de apostolado científico.
Nació en Macerata Marca de Ancona en ltalia. Cuando el P. Valignani resolvió acomodarse a las cosfumbres, prejuicios y pretensiones de los chinos creó un noviciado en el que los novicios debían conocer perfectamente la lengua, costumbres y tradiciones del pueblo y además ser excelentes en ciencias para abrirse a las clases ilustradas. Entre los elegidos para este noviciado estaban Ruggieri, Pazio y Ricci.
En 1578 zarpó de Lisboa junto con otros 13 jesuitas. Llegó a Goa en septiembre de ese año y continuó allí sus esfudios de Teologia, mientras enseñaba latín y griego.
En 1580 (con 28 años) fue ordenado sacerdote en Cochín (actualmente, Kochi, en el estado indio de Kerala). En 1582 partió de Goa y llegó a Macao el 7 de agosto. Inmediatamente se zambulló en la dura tarea de aprender la lengua china. Finalmente, Guo Yingping, gobernador general de las provincias de Guangdong y Guangxi, concedió en 1583 permiso a Ricci y a Ruggieri para instalarse en Zhaoquing (Chao-King-Fu), al oeste de Guangáou. Ricci tenía 31 años. Desde este momento emprendió un largo camino hacia el objetivo de instalarse en el centro del imperio, la capital, Pekín. No 1o logrará hasta 1589 a sus 37 años. En la residencia jesuita de Zhaoquing, Ricci tenía expuesto un mapa del mundo. Este mapa suscitaba gran interés entre sus visitantes. Por
sugerencia de éstos, lo copió, tradujo los nombres de los lugares al chino y lo hizo imprimir en 1584. Fue la primera edición del famoso Mapamundi, Mappamondo o Yudi Shanhai quanÍu. También en esa casa de los jesuitas eran admirados por los chinos los relojes europeos, los prismas venecianos, los cuadros y libros occidentales, entonces desconocidos en China. Este contacto logró la conversión de unas setenta personas. Posiblemente para entonces, Ricci había adoptado ya su nombre chino: Li Madou. Más aún en un deseo de acomodación cambió el meridiano y compuso un mapamundi en el cual China ocupaba el centro del universo.

Durante los años 1583-1589 escribió un tratado en que establecía ciertos puntos de contacto entre la religión cristiana y el pensamiento de Confucio. Y su dedicación se encaminó a la enseñanza de las ciencias y de la moral. Se atrajo la atención de sabios y magistrados. Todos le consideraion como un bonzo sabio.
Pero en 1589 se nombra un nuevo gobernador general, que ordenó a los jesuitas que se fueran de su provincia. Pero en lugar de regresar a Macao, Ricci logró autorízación del nuevo gobernador para establecerse en la parte
norte de la provincia de Guangdong. De este modo, los jesuitas se trasladaron a Shaozhou. En este lugar, encontraron más facilidades, adquirieron una casa y construyeron una iglesia. Para inculturarse en la nueva situación adoptaron los ropajes de los monjes budistas. A Ricci le acompañaron en su residencia dos ayudantes. En su enseñanza de las matemáticas formó a un discípulo Chin-Taiso cuyos conocimientos y celo le fueron muy útiles.

Atraído por la fama de que los jesuitas eran expertos en alquimia, un joven llamado Qu Rukui pídió estudiar bajo la guía de Ricci, que lo instruyó en matemáticas, astronomía y en la religión cristiana. Mas tarde, Qu Rukui se hizo cristiano y adoptó el nombre de Pablo. Igualmente atraídos por la sabiduría de los occidentales, muchos chinos instruidos se acercaron para acceder a su sabiduría. Su estrategia era gradual que primero conociera la religión cristiana el emperador, luego los señores y finalmente el pueblo.
Al caer en la cuenta los misioneros hacia 1590 de que el rango social de los monjes budistas era inferior al de los letrados o gente instruida, de tendencia confuciana, los jesuitas adoptaron el vestido de los letrados y como ellos, se dejaron crecer el pelo y la barba. Para entonces, Ricci dominaba ya Ia lengua china, y tradujo los Cuatro Libros de Confucio al latín, y los tituló Telrabiblon sinense de tnoribus (el manuscrito se conserva en los archivos de la Compañia de Jesús en Roma). Igualmente, Ricci ideó el primer sistema para transcribir, en letras romanas, el idioma chino. Estos dos logros de por si, justifican el reconocer a Ricci como padre de la sinología occidental.

En 1592,\a residencia de los jesuitas fue atacada y Ricci fue herido en un pie, que le dejará cojo para toda la vida. Con la idea de que para convertir a China a la fe cristiana deberían convertirse primero las clases dirigentes y el Emperador, Ricci abandonó Shaozhou y viajó en 1595 a Nankingilrlankín, esperando seguir hasta Pekín. Al no poderse quedar allí por la invasión japonesa de Corea, una zona dependiente de China, Ricci continuó hasta Nangchang, donde obtuvo permiso de residencia. En Nangchang publicó en 1595 su primer libro en chino, Jiaoyoulun (Sobre la Amistad). También tradujo al chino y editó en 1596 su pequeño Tratado sobre Mnemotecnia (en chino, Xiguo Jfo) para satisfacer a los visitantes que deseaban saber cómo cultivaban la memoria los occidentales'.

En 1598, wang Hunghui, ministro de ritos de Nankín, se percató de que el saber astronÓmico y matemático de los occidentales poOriu ayudar a mejorar el calendario chino. Para ello, se ofreció a escoltar a Ricci y a su compañero jesuita, Lázaro cattaneo, hasta pekín. Durante el viaje, Cattaneo, que era músico, Ltabia logrado captar la variedad de tonos usados por los chinos al hablar y ayudó a Ricci á pt.p.a, un diccionario chino, vocabularium sinicum, ordine alphabetiro irráprorum more concinnatum et per accentus suos digeslum, en el que se consignaban los cinco tonos y las aspiraciones de las palabras usadas en el lenguáje oficial. por desgracia, esta obra no se ha conservado.

Los viajeros llegaron a Pekín el7 de septiembre de 159g. Debido a que los chinos desconfiaban de todos los extranjeros, se negaron a recibir a los misioneros. Wang les aconsejó que volviesen a Nankín, a donde llegaron
en 1599. Muchos funcionarios eruditos visitaron a Ricci y Cattaneo en su residencia de Nankín. [Jno de ellos, el eminente sabio ti itti, escribió a un amigo sobre Ricci: "Ya puede hablar nuestra lengua con fluidez, escribe nuestros caracteres y se comporta según nuestras noffnas de conducta. Produce una impresión imbonable. interiormente refinado y por fuera de una gran franqueza. Entre todos mis conocidos, no sé de nad-ie que se le
pueda comparar".

Cuando se presentó una segunda ocasión de viajar a pekín, Ricci la aprovechó sin vacilar. Pero cuando iban de camino, Ricci y sus compañeros (Diego de Pantoja y el hermano jesuita Zhong Mingren), fueron detenidos en Linqing durante casi medio año, por orden del director de impuestos. lncluso se les confiscaron algunos de los regalos destinados al Emperador. Más tarde, llamados a la capitar,llegaron el i+ de enero de 1601. Le llevó al emperador Wan Li ciertos regalos tales como ricas telas que le proporcionaron los comerciantes portugueses de Goa y Macao, varios aparatos de astronomia, un gran reloj para el que el empérador construyó una torre. Permitió el emperador instalar en sus habita.ion*, imágenes de Jesucristo y de la Virgen y le facultó a entrar en su palacio como li hacían los altos magnates. El Emperador Wan Li quedó encantado con los regalos (entre los que había dos relojes, tres pinturas al óleo, un clavicordio, prismas venecianos y el Theatrum Orbis Teruarum de Ortellius) y dio orden de que los misioneros se hospedasen en el palacio y enseñasen a los eunucos a reparar los relojes y a tocar el clavicordio.

Después pasaron a vivir en la residencia destinada a los diplomáticos extranjeros. Allí recibían muchas visitas, entre ellas viajeros de Asia central. Por ello, Ricci llegó a la conclusión de que el cathay de Marco Polo era sólo otro nombre para China. Esta información la envió Ricci a sus compañeros jesuitas de la India y Europa, y llegó a su vez a la embajada del jesuita misionero de Cathay Bento de Goes (1592-16A7), que confirmó la exactitud de lo dicho por Ricci.

Con permiso del obispo del Japón y del P. Valignani que estaba en Macao obtuvo la autorización de no vestir como un bonzo como hasta hacía en ese momento y vestir al estilo de las gentes ilustradas y sabias. En 1601 Ricci se instaló en Pekín y el emperador le nombró jefe de los sabios de su corte. Se comenzabalaevangeltzación por los científicos y las clases superiores. Inicio de la Controversia sobre los ritos chinos.
En este momento comenzó entre los misioneros occidentales la discusión sobre los ritos chinos. No fue tan sólo una controversia especulativa, sino que en ella se mezclaron diversas causas que envenenaron toda la cuestión, aunque hubiese buena voluntad por ambos bandos. Se trataba del método apostólico de evangelización. Se suscitaron suspicacias entre las diversas órdenes religiosas y los distintos Institutos Misioneros. Se añadieron las rivalidades nacionales de las potencias y las tendencias religiosas de los jansenistas. Y esta amalgama de intereses culminó con el envío de los Vicarios Apostólicos, que pugnaba con el antiguo régimen de Padronado o Patronato portugués.

Simplificando se puede afirmar que la raíz de la controversia estribaba en el diverso método de evangelización seguido por unos y otros. Ricci y los Jesuitas optaron por el método de la inculturación, mediante el estudio de la lengua china, el uso de la ciencia y, sobre todo, el gran respeto por la cultura china. Los jesuitas querían seguir su propio método apostólico basado en una prudente adaptación misionera, que tendía a aprovechar cuanto hubiera de aprovechable en los pueblos de misión, y que podría quedar condensado en esta doble función: adapfar lo occidental a lo suyo, y adoptar lo suyo en lo nuestro, siempre que pudiera ser integrado en el cristianismo.
Los puntos de fricción con respecto al caso de China, pueden reducirse a estos tres aspectos principales: l) el nombre o vocablo con el que debería designarse a Dios; 2) los honores tributados a Confucio; 3) el estilo de vida o los honores tributados a los antepasados difuntos. Desde Michele Ruggieri y Matteo Ricci el vocablo para señalar a Dios era el de "Tianzuhu" (Señor Celestial). Para Ricci eran también válidos el de "Tian" (Cielos) y "Shangedi" (Señor de las alturas o Legislador supremo). Estos nombres se deducían del estudio de los clásicos
confucianos y los utilizó Ricci. La veneración de los antepasados y los honores que los eruditos tributaban a Confucio.

Los esfudiosos han valorado el conocimientor que Ricci tuvo del confucionismo, del taoismo y del budismo chinos de finales del siglo XVL De Confucio dice que fue el más grande filósofo chino nacido seis siglos antes que Cristo. A Confucio todos los chinos le tienen como'el más famoso filósofo que vivió una vida admirable durante setenta años enseñando con palabras, obras y escritos, por lo que es tenido y venerado por el hombre más santo del mundo.
El estudio que Ricci realizó sobre los cuatro libros de Confucio le llevó a la conclusión que no había elemento alguno en el confucionismo para afirmar que era una religión. Por 1o tanto en su "Historia de la introducción del cristianismo en China" y en su coffespondencia aflrmará repetidamente que el culto rendido a Confucio no era un culto a una divinidad, sino que el homenaje que los letrados rcabzaban dos veces al mes yendo al templo de
Confucio no era más que unas muestras externas de respeto y reconocimiento por mucho que encendieran velas y le ofrecieran animales muertos, viandas o incienso sin recitar plegaria y sin demandar gracia alguna.

De aquí deducía que el confucionismo no era una religión sino que tenía como fin el proporcionar una justa administración de gobierno nacional chino. El objetivo del confucionismo concluyó es el de promocionar lapaz del país y el buen gobierno de los particulares. Los veneradores de Confucio hablan de cinco grandes relaciones comunes a todo hombre: la del padre e hijo, la del marido y mujer, la del señor y vasallo, la del hermano mayor con el menor y la del compañero con el compañero. El Confucionismo tiene en gran aprecio el precepto de la caridad que consiste en hacer a los demás aquello que esperamos que los demas hagan con nosotros.
Cuidan que la obediencia de los hijos para con su padre y con su madre, la fidelidad de los vasallos a sus súbditos y mayores, pero no mandan ni prohíben nada que se deba creer sobre otra vida, por lo que hay que concluir que no es una ley formada sino una academia preparada para el buen gobierno de la república. Por lo tanto los miembros de esta academia pueden hacerse cristianos.

Los letrados lo mismo que el rey y cualquier otro miembro del reino hacen ofertas de carne, frutas, perfumes, piezas de seda a sus antepasados en ciertos días del año con la intención de servir a sus muertos como si estuvieran vivos. Y afirman realizar esto por que no saben de qué otro modo pueden demostrar el amor y la gratitud que les tienen. Y estas ceremonias las realizan más por educar a los vivos que en honor de los ' Se tienen como fuentes de estudio de Ricci las publicadas por D'Elia, la correspondencia de Ricci disponible en la edición de Tacchi Venturi y en los estudios llevados adelante por el Centro Studi Ricciani instalado en la Universidad de Macerata y sobre todo en la obra más famosa del mismo Ricci titulada Catechismo.

Muertos que no les consideran divinidad alguna ni esperan de ellos gracia alguna por lo que estas ceremonias no son idolatría ni superstición.
Es prioritario en el confucionismo el culto al cielo (Tian), al ente supremo del que hablan los clásicos chinos. Y en este apreció a la ley antigua descansa el aprecio de Ricci por el Confucionismo. Esta ley no tiene ídolos por 1o que los libros de los letrados más antiguos y de mayor autoridad no profesan otra adoración que al señor del Cielo y de la tierra. Por eso Ricci cree natural recuperar esta antigua costumbre confuciana. Los literatos no hablan de cosas sobrenaturales y en lo moral coinciden en todo con nosotros los cristianos, por lo que no tenemos a los letrados como enemigos sino como amigos, Estos ritos particulares confucíonistas estaban enraízados en la estructura social de la nación para honrar a los muertos de la familia o a los antepasados. Estos ritos implicaban las prostraciones, el uso del incienso, el ofrecimiento de alimentos a los muertos así como la implantación de las tablillas conmemorativas en la sepultura o en la casa.

Ricci permítió estos ritos como no supersticiosos pero admitió que la opinión contraria era más segura. Para Ricci estos ritos eran expresiones de respeto y gratitud a los difuntos equivalentes a los honores tributados a los
funcionarios, maestros, padres y amigos todavía vivos. El oponerse a los ritos según Ricci era cerrarse a la sociedad china. "Hay peligro al permitir estos ritos, pero todaviahay un peligro mayor si no se permiten". Además los letrados y los funcionarios debían prestar honores a Confucio en los templos dedicados a este filósofo nacional o héroe divinizado. Ricci no permitió otros ritos más solemnes llamados sacrificios realizados en los equinocios por no ser socialmente necesarios.
Para Ricci estos ritos eran moralmente aceptables por un triple argumento:
1) (Argumento sinológico). Los ritos habían nacido como virfudes sociales en un clima de monoteísmo y sólo con el tiempo se habían adherido añadiduras ilícitas. Despojadas éstas, el núcleo original era válido.
2) (Argumento filosófico). Para la escuela neo-Song Zhu Xi de los funcionarios públicos los ritos eran un ejercicio filosófico de increencia y un contrapeso al pietismo supersticioso de las masas. 3) (Argumento psicológico). La consulta realizada por Ricci a algunos compañeros suyos demostraba que no existía una evidencia concluyente de que los ritos fuesen supersticiones.
3) El estilo de vida. Se trataba de vestir según los letrados y de vivir según su código de conducta. Este último término del estilo de vida jugó un papel secundario en la controversia.

Ultimos años:
Tras su establecimiento en China en 1583 siguiendo las instrucciones de su superior Alessandro Valignano intentó Matteo Ricci hacerse chino con
los chinos. Según Arnold Toynbee fue un intento de liberar al cristianismo de los elementos no-cristianos de la civilización occidental y así presentar una religión universal válida para toda la humanidad.
Dado que las tres enseñanzas del confucianismo, budismo y daoismo (la doctrina del Tao o Taoísmo) estaban sumamente arraigadas en la sociedad china, Ricci consideró necesario hacer llegar el dogma cristiano buscando
analogías con alguna de ellas para crear una ortodoxia, una recta doctrina, un camino para la verdad. Y Ricci optó por acercarse a la cultura de Confucio para inculturar la fe en Jesús. De este modo, el cristianismo no
aparecía como una cuarta religión, sino como una doctrina integradora y más racional.
Ricci tendió un puente entre la cultura china y la occidental. Así abrió canales por los que el evangelio pudo llegar a la intelectualidad china. Aceptó una total adaptación a la vida y civilización chinas. A este método se le llama actualmente inculturación. La simpatía del emperador Van-Lié y la confianza del pueblo facilitaron su evangelización y muchas conversiones. Pero algunas de estas conversiones suscitaron oposición y tumultos. El P. Ricci fundé en Pekín un noviciado para jóvenes chinos a los que inculcó estos métodos de evangelización.

Compuso en chino un tratado de Geometría, otro de Moral religiosa. Dejó también unas memorias de las que luego el P. Frigault publicó con el título de "De christiana expeditione apud Sinas" (a. 1615) que es una historia de las primeras misiones de los jesuitas en China. Durante los más de 25 años que peffnaneció en China, Ricci compuso unos veinte libros, científicos y no científicos. Cinco de sus obras científicas se conservan en su totalidad, copiadas en el Siku quanshu (Gran Enciclopedia de las Cuatro Tesorerías), que contiene 36.000 juan
(volúmenes chinos). El título colectivo de las cinco obras de Ricci es Qiankun riyi (Tratado sobre el cielo y la tierra). En 1647 es publicadala traducción al chino de los primeros seis libros de los Elemenlos de Euclides, llevada a cabo por Ricci y por su alumno Qu Rukui (también transcrito como Xu Guangqi), de nombre Pablo. De sus obras no científicas, cinco han recibido reseñas en su Siku quanshu zongmu liyao (Reseñas compendiadas de la bibliografia general de la Gran Enciclopedia de las Cuatro Tesorerías).

Cuando Ricci murió, la misión de China contaba con ocho misioneros y ocho jesuitas chinos, que trabajaban en cuatro comunidades y un puesto misional. Había también unos 25.000 cristianos. Con todo derecho le han honrado los chinos, como "el hombre sabio de occidente", e historiadores de renombre mundial, como el profesor Wolfgang Franke, le han considerado "el puente cultural más sobresaliente de todos los tiempos entre China y Occidente".

La muerte del P. Ricci.
La tensión y el cansancio a lo largo de los años debilitaron la salud de Ricci que murió en Pekín a los cincuenta y siete años de edad, el 11 de mayo de 1610. Accediendo a los deseos de los compañeros jesuitas, el Emperador les permitió enterrarlo a las afueras de la puerta oriental de la ciudad de Pekín. A la muerte de Ricci en 1610 se le dedicaron solemnes funerales y por orden imperial se le enterró en un templo que se consagró al culto católico. El padre Matteo Ricci recibió el más alto reconocimiento para un extranjero, es decir, el privilegio imperial de un terreno de sepultura en la capifal, en la que hoy esla School of Beying Municipal CommiÍtee. La tumba del jesuita italiano se encuentra hoy dentro del Cementerio de Zhalan, junto al Colegio Administrativo de Pekín (Beying Administrafive College), situado en las cercanías del Templo de las Cinco Pagodas, en la periferia noroeste de la ciudad.
El lugar, conocido como Zhalaer, fue entregado en el siglo XIX al cuidado de los hermanos Maristas. En 1900 en la rebelión de los boxers el enterramiento fue destruido aunque más tarde se permitió su reconstrucción. Durante la Revolución Cultural de Mao (en 1966), la sepultura fue destruida por segunda vez, aunque ha sido parcialmente restaurada. Los obispos chinos que asistieron al Concilio Vaticano II pidieron en 1963, por unanimidad, que el Papa introdujese la causa de beatificación de Matteo Ricci. El jesuita Matteo Ricci fue un impulsor del encuentro China- Occidente. Muestra de esta adaptación es la misma tumba donde reposa Ricci: decorada con relieves de dragones y sin eÍtJZ, parece a primera vista la lápida de un monje budista, si no fuera por las inscripciones en latín.

La inculturación de Mateo Ricci:
Tal vez fueron Michele Ruggieri y Matteo Ricci los más radicales en sus planteamientos. Pero Ruggieri era más proclive a inculturarse en los medios budistas mientras que Ricci pensaba que las doctrinas del confucianismo eran más cercanas a la fe cristiana. Esto se revela en los Catecismos publicados por cada uno de ellos.
lJn aspecto que llamó la atención de Matteo Ricci y de los misioneros en China era la preeminencia de la lengua escrita dentro del imperio. Los textos escritos, gracias al uso desde antiguo del papel, circulaban en todos los ambientes. Por ello ya en 1584 se extendió la primera obra impresa en ' La inculturación es una realidad muy antigua entre los misioneros en India y China comenzando por Francés de Xabier y siguiendo por Ricci. Modemamente el P Amrpe la describe asi:
"La inculturación es la encarnación de la vida y mensaje cristianos en un área cultural concreta, de tal manera que esa experiencia no sólo llegue a expresarse con los elementos propios de la cultura en cuestión (lo que no seria más que una superficial adaptación), sino que se convierta en el principio inspirador, normativo y unificador que transforme y re-cree esa cultura, originando asi "una nueva creación" (...) "entendemos por inculturación el esfuerzo que hace la Iglesia por presentar el mensaje y valores del Evangelio encarnados en formas y términos propios de cada cultura, de modo que la f-e y la vivencia cristiana de cada lglesia local se inserte, del modo más íntimo y profundo posible, en el propio marco cultural".

China por los europeos; se trata del catecismo atribuido al misionero jesuita Michele Ruggieri (1543-1607), titulado: Verdadera exposicién del Señor del Cielo (Tian:hu shilu). Michele Ruggieri pensaba que la filosofia budista era la idónea para inculturar la fe cristiana en China. Ya Valignano era consciente de que en una sociedad culta como la china, la estrategia habría de ser la de intentar una adaptación, inculturacíón, aculturación, enculturación o inmersión cultural. Con todos estos términos se quería expresar la necesidad de volcar en otros moldes lingüísticos y culturales los contenidos de la fe cristiana. Pero en ese tiempo era una tarea muy dificil. La teología occidental cristiana se había expresado en un lenguaje filosófico que implicaba un modo de pensar la realidad, de desarrollar los procesos lógicos de la mente y utilizar unos símbolos que eran incomprensibles en China. ¿Era posible desnudar culturalmente la teología occidental para reelaborarle un ropaje que la hiciera comprensible?
La meta de Ricci era la evangelización. Pero personalmente era aceptado porque en primer lugar siendo extranjero se había hecho chino como los chinos, además por su fantástica memoria, su conocimiento de las matemáticas y otras ciencias como su supuesto conocimiento de la alquimia y f,nalmente por los objetos curiosos que había traído a China.

En 1603 apareció la primera edición del catecismo redactado por Ricci, Tianzhu shiyi (El verdadero significado del Señor del Cielo)', que sirvió para las primeras conversiones. Como todos los estudiosos del tema han señalado, es en el confucianismo antiguo en donde Ricci creyó encontrar lazos o conexiones con el cristianismo, especialmente basados en la idea de un Dios único, Shang di, traducido como Señor de los Cielos. Esta búsqueda e intento de constitución de una ortodoxia cristiana a partir de las analogías y similitudes con el confucianismo presentaba simultáneamente su contrapartida: la de señalar las enseñarzas consideradas heterodoxas o - en un plano más condenatorio- heréticas a los ojos de los jesuitas.

'' Hay una edición en ingles en la Biblioteca de la Facuhad de Teología: M. RICCI, The lrue meaning of the Lord of Heaven. The Institute of Jesuit Sources, 1985, 485 pág. Este intento de asimilación del cristianismo con el confucianismo se desplegó en diversos escritos de Ricci. "Nos interesa aqui tomar uno de ellos, -apunta Hoste - su catecismo, T-ienzhu shiyi,traducido como l/erdadera l)ocÍrinq del Seitor del
Cielo; fue xilografiado por primera vez en Beijing en 1603. Se impuso y reemplazó a la doctrina de 1584
de Ruggieri, de fuerte impronta budista". * "En efecto, el apego al confucianismo por parte de Ricci fue acompañado, paralelamente, por su desprecio hacia el budismo, asi como al daoismo (el Tao) y neoconfucianismo, de fuertes bases budistas y daoistas. La idea de Shang di (el Señor de los Cielos) lo aportaba como prueba de un antiguo monoteismo.

Respecto a los aspectos netamente terminológicos, cabe aclarar que Ricci estaba creando una terminoloeía cristiana en idioma chino. Para algunos términos tomó caracteres ya presentes en la lengua, es decir, no adaptados fonéticamente al chino.
La hipótesis de Hosne es que el Catecismo es un escrito doctrinal que sistematiza el intento de Ricci de establecer una ortodoxia cristiana, es decir, una única doctrina asimilable al sistema moral confuciano, en contraposición con las otras dos enseñanzas que predominaban en China, esto es, el budismo y daoismo, junto con el neoconfucianismo.
En efecto, la razón constifuye el núcleo de los argumentos aristotélicotomistas presentes en el catecismo, orientados a ubicar al cristianismo -en armonía con el confucianismo- como única enseñanza viúida, en contraposición al budismo y al daoísmo (Taoismo).
Ricci se dio cuenta del valor que los conocimientos científicos podían tener para Ia evangelización de China. En una carta fechada el 15 de febrero de 1609 al compañero jesuita Francesco Pasio, dice lo siguientes: "... porque no he hecho otra cosa que enseñar algo de matemáticas y cosmografia (...) que han servido para abrir los ojos a los chinos que estaban ciegos; y si esto 1o decimos de las ciencias naturales y de las matemáticas, ¿qué diremos de aquellos conocimientos más abstractos, como son la fisica matemática,la teologia y lo sobrenatural?" Pero Ricci iba más allá. Intentaba mostrar que la imagen del mundo que presentaba el budismo era anticientífica, mientras que la que presentaba el cristianismo era compatible con los datos científicos. Y con esta imagen presentaba los valores del evangelio, enraizados en la justicia. La evangelización china tras Ricci A Ricci le sucedió en 1631 en la privanza del emperador el jesuita y científico P. Schall.

De esta manera los ritos se aceptaron en el siglo XVI en cuatro quintas pafes de las misiones que estaban bajo el control de los jesuitas. La de los chinos. El término Shang di, traducido como Señor de lo Alto o Señor de los Cielos, era una expresión honorífica para referirse a fuerzas superiores ya presente en antiguos textos chinos preconfucianos.
Ricci fue el primero en tomar este término como prueba de un antiguo confucianismo monoteista Gracias al catecismo de 1584, observa Ricci "... ss diwlgó el nombre de la ley cristiana, pero sumergida en la sabidurja de los Chinos". [Cfr. Pascuale d'Elia, Fonti ricciqne, Libreria dello Stato. 3 Vol. Roma, 1942-1949 . Libro II, cap. IV, p. 1981.
Esta observación resulta fundamental para los caracteres que institucionaliza al referirse a ortodoxia (la verdadera doctrina), término que expresa en chino con el carácter zheng, que puede traducirse como correcto. Respecto a 1os términos de heterodoxia y herejía cabe decir que hasta la actualidad no existe en chino una marcada diferencia entre ambos. Son expresados con el carácter xie, que se opone literalmente a zheng, como impuro, deshonesto y como herejía o heterodoxia en un sentido religioso. 'M.Riccl, OperestoricedelP.MatteoRicci.CartasyescritosdeMatteoRicci enChina(1583-1610).2 volúmenes, editados por Tacchi Venturi, entre 1911 y 1913), Macerata, Italia. Traducido de J. A. Cenvenq., oprrs cit., pág. 211.

disconformidad con estos ritos seguía siendo una minoría. Cuando Ricci fue nombrado superior de la misión promulgó en diciembre de 1603 sus directrices que fueron aprobadas por su superior Valignano. Se permitía el
suo de los ritos chinos como una ayuda indispensable para el apostolado. Se organizaron comunidades cristianas en muchas de las provincias chinas que sufrieron persecuciones en los años 1610, 1616 y sobre todo en 1665 a cargo del regente del emperador Kangsi. En 1633 entraron en China por la vía de Formosa y desde Filipinas franciscanos y dominicos españoles. Entre los dominicos destacaron los PP. Morales y Navarrete en las provincias meridionales. Entre los franciscanos los PP. Ibáf,ez y Antonio Santamaría. A partir de ese momento los motivos de diferencia evangelizadora fueron: el nombre de Diosy el culto a los antepasados. Los jesuitas admitieron estas ceremonias por considerarlas una costumbre civil, sin carácter religioso, sino por el motivo de la veneración.
Los jesuitas eran partidarios de una acomodación prudente tanto en el Indostán (Pondichery) como en China, como en la India lo permitía el P. Nobili el cual además aceptaba que los neófitos llevaran ciertas insignias que caracterizaban a las distintas castas. Los franciscanos españoles pronto vieron en las actuaciones de los jesuitas verdaderas supersticiones. Los franciscanos y los dominicos veían en estas ceremonias un verdadero culto a los antepasados y las consideraron supersticiones incomp atibles con el cristianismo. Entre los mismos jesuitas la acomodación cultural de Ricci era un desafio. Durante su vida nadie la puso en tela de juicio. Pero después de su muerte fue cuestionada por su sucesor Niccolo Longobardo superior de la misión china que realizó consultas a los letrados. El resultado fue un tratadito "Annotationes contra usum nominis Xamti" que en su versión francesa se conserva entre los Tratados del dominico Domingo Fernández Navarrete. El tratadito había sido prohibido por los superiores jesuitas.
Otro jesuita que se desvió del método Ricci fue Alfonso Vagnoni que estaba al frente de la misión de Nankin y que no pensaba que la ciencia fue método útil para propagar la fe. Sin embargo el provincial de Japón y China, P. Valentín Carvalho prohibió en 1614 todo cambio lo mismo que su sucesor André Palmeiro en 1629.

Comienzos de la controversia.
La llegada de los frailes mendicantes como el dominico Juan Bautista Morales en 1631, el franciscano Antonio de Sancta María Caballero en 1632 señaló el comienzo de la controversia. Los frailes cuestionaron el modo de vestir chino de los jesuitas, les acusaron de no predicar el evangelio, de no administrar los sacramentos y de permitir los ritos en honor de Confucio y de los antepasados.

Los frailes formularon en 1635 unas cuestiones y con base en éstas el arzobispo de Manila denunció en 1635 el método jesuita ante Urbano VIII, pero siendo mejor informado retiró la acusación en 1638. Morales trasladó el asunto a Roma donde el 12 de septiembre de 1645 un decreto de Propaganda Fide aprobado por Inocencio X condenaba los ritos chinos tal como los describía Morales. Este decreto no fue llevado a la práctica ni siquiera por los frailes mendicantes.
Desterrados de China los dominicos y franciscanos en 1637 por predicar contra esas costumbres chinas, el P. Morales se encaminó a Roma adonde llegó en 1643. Presentó a la Congregación de Propaganda 17 cuestiones contra la forma de actuar de los jesuitas El 12 de septiembre de 1645 la Congregación de Propaganda respondió
prohibiendo los ritos tal como habían sido expuestos por el P. Morales. Inocencio X aprobó esta respuesta. Por su parte los jesuitas refugiados en Macao (1637-1640), reflexionaron sobre el sentido de las alegaciones del P. Morales y enviaron al P. Manino Martini para que informara en Roma y que llegó en 1654 alegando r¿vones para un reconocimiento pontificio a favor de la forma de actuar jesuita. Alejandro VII el 23 de marzo de 1656 dio su conformidad jurídica a los ritos tal como habían sido expuestos por Martini pero se reservó dar una sentencia definitiva.
El 20 de noviembre de 1669 tras la información del dominico Polanco salió un nuevo decreto del Santo Oficio que fue aprobado por Clemente lX y que declaraba que las decisiones de 1645 y 1656 estaban aún en vigor por
1o que los ritos estaban prohibidos o permitidos en cuanto concordaban con los informes de Morales y Martini.
Las persecuciones Tras la muerte en 1661 del primer emperador de la dinastía manchú, Shunzhi, y, durante la regencia del sucesor Kangxi comenzafon las persecuciones de los cuatro regentes que atacaron la astronomía occidental y el cristianismo.
Por su parte en China los misioneros encarcelados en Cantén en 1665 concordaron su modo de actuación. Eran 19 jesuitas, 3 dominicos y 1 franciscano. Convinieron 42 puntos y todos los firmaron menos el franciscano Caballero de Santa María. Pero después el superior dominico P. Navarrete suscitó dudas sobre el escrito firmado pero a pesar de las dudas el P. Navarrete se adhirió a los 42 puntos el 29 de septiembre de 1669. Sin embargo aquel mismo año huyó de la cárcel y en 1672 estaba en Madrid y luego en Roma hablando contra los jesuitas. Más aún en 1676 y 1679 publicó dos tomos de sus Tratados históricos, políticos y religiosos de la monarquía en China en donde atacaba el modo de evangelización de los jesuitas. Sin embargo la Inquisición española prohibió el libro.
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Condena de los Ritos.
En 1692 y por mediación de los jesuitas el emperador Cam-hi o Kangxi dio un decreto o edicto de tolerancia que permitía la predicación evangélica en sus estados. Por lo que en 1693 llegaron a China nuevos misioneros formados en París los cuales vieron en las ceremonias chinas actos contrarios al espíritu del cristianismo e informaron a Romay a París. Más aún con la entrada de los vicarios apostólicos en China la controversia se exacerbó. Monsieur Maigrot, vicario apostólico de Fukien dio en 1693 un mandato prohibiendo el uso de la respuesta romana de 1656. El mismo Maigrot envió su mandato a Roma por medio de dos enviados suyos de los que uno de ellos era Nicolás Charmont. Roma examinó las dudas ofrecidas desde China a las que se sumaron las intervenciones del arzobispo Noailles, de la Sorbona y de los jansenistas. En esta línea el vicario apostólico Charles Maigrot y superior de las misiones extranjeras de París publicó un rescripto en el que afirmaba que el jesuita Martini había obtenido la tolerancia de los ritos en 1656 sobre datos f'alsos y pidió a Roma que Inocencio XII reexaminase todo el asunto. Durante los años 1697 a 1704 los Papas Inocencio XII y Clemente XI junto con una comisión cardenalicia estudiaron los datos y testigos de ambas partes. Por ejemplo el P. Serrano, general de los agustinos dio un dictamen favorable al vicario Maigrot. Otro comisario, general de los Menores, se inclinó por los jesuitas. Felipe de San Nicolás general de los Carmelitas se mostró neutral. Y entre tanto el 18 de octubre de 1700 la Sorbona condenaba el uso de los ritos chinos. Durante estos años de finales del siglo XVII y comienzos del XV los jesuítas chinos pidieron al emperador Kangsi una declaración oficial sobre el sentido de los honores tributados a Confucio y a los antepasados, en la que se declaraba que eran ceremonias de carácfer cívico y político, pero no religioso. De este modo el emperador, como presidente del tribunal de ritos, se acogió a la interpretación de los jesuitas. Hizo publicar un decreto imperial y lo envió a Roma el 3 de diciembre de 1700. Al año siguiente en 1701 esta declaración imperial confirmada por los mandarines y letrados fue enviada también a Roma. El 20 de noviembre de 1704 el Papa Clemente XI firmaba el decreto final que podía, según el mismo Papa, complacer a ambos contendientes. Sin embargo el decreto no se promulgó y su promulgación se dejó en manos del legado papal enviado a China, Thomas Maillard de Tournon. El decreto se articulaba en dos aspectos: 1) Condena y L) Significado y motivación. l).- Se condenaban varios términos chinos para significar a Dios e igualmente los honores tributados a Confucio y a los antepasados muertos. Pero se toleraban unas tablillas con nombres como exvotos en el hogar.

Como respuesta a esta bula papal de 1715 el, Emperador Kangsi el 16 de abril de 1717 desterraba por medio de los nueve tribunales mayores de su imperio a todos 1os misioneros y prohibía la religión cristiana y mandaba
destruir sus iglesias. En medio de esta sítuación angustiosa Clemente XI envió en 1720 otro legado llamado Juan Ambrosio Mezzabarba, al que no recibió el emperador. El nuevo legado desde Macao escribió el 4 de diciembre de l72l a todos los misioneros y católicos permitiendo algunos ritos, como el kotou y las ofrendas ante las tablillas de Confucio y los antepasados. Estas nuevas medidas crearon una gran división entre los misioneros y luego fueron desaprobadas en Roma. Por esta razón el legado tuvo que volverse a Roma.

En 1722 murió el emperador Kangsi y su sucesor Yungcheng desencadenó una fiera persecución contra el cristianismo. El23 de septiembre de 1723 el General de los jesuitas Miguel Ángel Tamburini escribía al P. Ambrosio de Argís, provincial de Castilla y con orden de comunicar la carta a toda la provincia que "algunos de los nuestros se han desmandado tanto que aun delante de seglares se han atrevido a hablar con temerario anojo de los ritos de la China. Por lo que mandaba en virtud de santa obediencia que ninguno de los nuestros se
atreviera de aquí adelante a hablar palabra que pueda de alguna suefe parecer contraria a los referidos decretos y resoluciones". El general pedía que se delatase a quien conociese haber transgredido la bula de Clemente XI para gue fuera castigado con las más severas penas que usa Ia Compañía.

Durante la primera mitad del siglo XVII Roma hizo otras consultas a misioneros y seminaristas chinos. Y el 11 de julio de 1742, Benedicto XIV dio una bula "Ex quo singulari" que confirmaba el decreto de Clemente XI de 1704 ratificaba todas las condenaciones anteriores, anulaba las ocho concesiones de Mezzabarba e imponía a los misioneros un nuevo y riguroso juramento y además prohibía que en Europa se escribiese sobre los ritos chinos.

Conclusiones:
1.- Suma de causas y circunstancias.
En la polémica de los ritos chinos se habia llegado a una mezcla de métodos evangélicos entre diferentes órdenes religiosas, ala que se añadió un conflicto de rivalidades nacionales, además se unió un conflicto de jurisdicciones con el envío de la nueva institución de los vicarios apostólicos que pugnaba con el antiguo sistema patronal, el conflicto se agrandó por las diferentes políticas utilizadas por las potencias coloniales, y 6 Ordenaciones dadas por los Padres Generales al Colegio Real de Salamanca. AUS. Ms. 347, folios 152- 153 t7 finalmente a este conjunto de causas y circunstancias se sumó el odio
jansenista y galicano.

2.- La excesiva inculturación de los jesuitas.
El respeto y la asimilación de los rituales sociales de China y la reelaboración de los contenidos de la fe en los contextos culturales les ac¿urearon problemas a los jesuitas. En la liturgia católica, los jesuitas aceptaron muchos de sus rifuales, lo que provocó la sospecha y la alarma de las jerarquías eclesiásticas. Los jesuitas en China eran de ideas avanzadas y mentalidad abierta. Pero la Controversia sobre los Ritos Chinos que se desanolló entre los misioneros católicos, llegó a Roma y se dio por terminada con las disposiciones dictadas por Benedicto XIV en 1742. Sólo en 1939 la Sagrada Congregación de Propaganda Fide levantaba el juramento que pesaba sobre los misioneros, y daba como lícitas algunas ceremonias, consideradas civiles, en honor de Confucio y de los antepasados difuntos.

3.- En el siglo XX la Santa Sede ha resuelto para Japón, Manchuria y China que muchas de las ceremonias y honores tributados a Confucio y los antepasados son tolerables como usos y costumbres de mera urbanidad
y trato social. Mateo Ricci ho]¡
La conclusión este trabajo se expresa bien en un párrafo del mensaje de Juan Pablo II, el 24 de octubre de 2001, con ocasión del Congreso internacional celebrado en Roma para conmemorar los 400 años de la llegada de Matteo Ricci a Pekín: "La misma China, desde hace cuatro siglos, tiene en alta consideración a Li Madou, "el sabio de Occidente", como fue designado y se suele llamar incluso hoy al padre Matteo Ricci. Desde un punto de vista histórico y cultural, como pionero, fue un valioso eslabón de unión entre Occidente y Oriente, entre la cultura europea del Renacimiento y la cultura de China, asi como, reciprocamente, entre la antigua y elevad'a civilización china y el mundo europeo".

Y continúa: "Como ya destaqué, con intima convicción, al dirigirme a los participantes en el Congreso internacional de estudio sobre Matteo Ricci, organizado con ocasión del IV centenario de su llegada a China (1582-1982), tuvo un mérito especial en la obra de inculturación: elaboró la terminologia china de la teología y la liturgia católica, creando así las condiciones para dar a conocer a Cristo y encarnar su mensaje evangélico y
la Iglesia en el marco de la cultura china (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 12 de diciembre de 1982" p. 6). El padre Matteo Ricci de tal modo se hizo "chino con los chinos" que se convirtió en
un verdadero sinólogo, en el sentido cultural y espiritual más profundo del término, puesto que en su persona supo realizar una extraordinaria armonia interior entre el sacerdote y el estudioso, entre el católico y el orientalista, entre el italiano y el chino". Pekín, 19 feb (EFE).- IJna muestra de las ideas y la cultura traídas a
China en el siglo XVI por el jesuita italiano Mafteo Ricci, a quien el penúltimo emperador Ming, Wan Liu, concedió el honor de ser enterrado en el territorio que vino a evangelizar" se exhibe hasta el20 de marzo en Pekín.

Titulada "un encuentro entre civilizaciones", la exposición, montada en el moderno Museo de la capital, aborda la vida, la obra y la fe de quien tendió el primer puente entre Occidente y China y dio a conocer incluso la música europea, y ha sido organtzada por la región italiana de Macerata, donde nació en 1552 este jesuita-Li Madou, en chino-, junto con el comité para el 400 aniversario de su muerte. Abrir al público durante seis meses la muestra sobre el jesuita evangelizador con todo tipo de objetos científicos, culturales y religiosos, no fue fácil en un país gobernado desde hace 60 años por el Partido Comunista de China (PCCh), sin relaciones diplomáticas con el Vaticano y suspicaz con la posibilidad de que éste pueda estar detrás de la exposición, dijeron a Efe fuentes próximas a la organizacion. "Ricci nos dio una base sólida para difundir el cristianismo. Llegó a China siguiendo la idea de San Pablo de propagarlo, pero respetó la historia y la cultura locales y tradujo del latín libros católicos", dijo a Efe Liu Bainian, vicepresidente de la Asociación Patriótica Católica China, que no reconoce al Papa como jefe administrativo. Según Liu, Matteo Ricci fue un mensajero del amor y buen ejemplo de evangelizador, por lo que se organizarán diversos foros para celebrar el cuarto centenario de su muerte, entre ellos un seminario nacional sobre su espíritu misionero "de difundir la ciencia occidental y respetar las culturas y costumbres locales".

Por eso, el 18 de junio se presentó en Roma un DVD titulado Matteo Ricci, un jesuita en el Reino del Dragón, de Gjon Kolndrekaj. Es una reconstrucción de los momentos más importantes del misionero jesuita, de sus descubrimientos y los esfuerzos "que lo han hecho protagonísta del diálogo entre fe y cultura", en palabras del autor. Muchas escenas del documental han sido filmadas durante un reciente viaje del jesuita Leandro Sequeiros a China. Las entrevistas que se incluyen en el documental sitúan a Ricci en su época y al mismo tiempo subrayan su actualidad. El DVD va acompañado de un libro, profusamente ilustrado, que traza la biografia de
Ricci, no exenta de dificultades por su audacia en inculturar el evangelio en el mundo chino.


 

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